Los beneficios de retrasar el pinzamiento del cordón umbilical

¿Quién no ha visto alguna vez una escena de un parto domiciliario en el cine? Es curioso como siempre se repiten los mismos elementos: “rápido, traed toallas calientes”, “dame el cordón de tus zapatos para atar el cordón umbilical”.  La escena que podemos contemplar en muchos paritorios de nuestro país en ocasiones se parece a este arquetipo fílmico, con la salvedad de que en lugar de un lingotazo de whisky o un palo de madera para morder, a la parturienta podemos administrarle anestesia epidural, aunque dados los recortes que se producen en sanidad, quién sabe si algún día volveremos al tradicional método etílico. Mejor no doy ideas a los gestores y me centro en el tema que nos ocupa: ¿Hay beneficios para el bebé si decido retrasar el pinzamiento del cordón umbilical?

El cordón umbilical es una estructura tubular que generalmente se compone de una gelatina blanquecina y 3 vasos sanguíneos (2 arterías y una vena) que se encargan de realizar el intercambio de sangre, nutrientes y oxígeno entre el feto y la madre, placenta mediante.

En los albores de la historia de la medicina occidental, allá como hace 2000 años por la Grecia y Roma antiguas, ya se recomendaba retrasar el pinzamiento del cordón el mayor tiempo posible. Sorano de Éfeso en el S. II DC sentenciaba: “Cuando el niño haya descansado un poco, después de la agitación del nacimiento, debe realizarse la onfalotomía”. Muchos siglos más tarde, en el S.XVIII, antes de que su nieto desarrollará la Teoría de la Evolución de las Especies, Erasmus Darwin decía: “El pinzamiento y el corte del cordón umbilical siempre se debe demorar  hasta que el niño no sólo ha respirado varias veces, sino hasta que toda pulsación en el cordón cese”.

¿Qué sucedió entonces para cambiar esta política? Una de las hipótesis es que con los avances tecnológicos en la atención al parto, la mayoría de los partos pasaron a ser atendidos en medio hospitalario, lo que produjo enormes beneficios en cuanto a disminución de la mortalidad materna y neonatal, pero una mayor medicalización del mismo, algo que podemos seguir en esta entrada. A ello se sumaron algunos estudios a mediados de los años 50 que recomendaban un mayor intervencionismo en el parto, para favorecer la expulsión de la placenta, porque parecía disminuir el riesgo de hemorragias maternas graves en la madre durante el postparto.

En los últimos 10 años se han publicado multitud de estudios que indican interesantes beneficios para el recién nacido si se demora el momento de interrumpir el flujo sanguíneo de la madre a este.

Estos beneficios se han demostrado tanto en recién nacidos a término como en prematuros, existiendo en la actualidad evidencia suficiente para producir un cambio en la práctica clínica a este respecto.

¿Pero por qué este cambio?

Sabemos que retrasar del pinzamiento del cordón umbilical permite que se produzca una transfusión de sangre desde la placenta al recién nacido en cantidad variable que tiene diversos beneficios para el recién nacido. Se ha demostrado que retrasar 3 minutos el pinzamiento en recién nacidos a término aumenta el volumen sanguíneo total hasta un 15-20%,mientras que en prematuros se consigue un aumento del 24% con solo retrasar este momento unos 30-45 segundos.

Se ha demostrado que es un procedimiento absolutamente seguro (sin efectos secundarios) para el recién nacido, con la salvedad de un incremento muy leve de la necesidad de fototerapia en neonatos a término (4.36% VS 2.74%) en un estudio. En cuanto a los efectos sobre la madre, no se ha descrito mayor incidencia de eventos adversos (fundamentalmente hemorragia postparto) ni mayor mortalidad asociados con esta práctica.

Pasemos a enumerar los beneficios:

a) Neonatos a término:

  • Mayores niveles de Hemoglobina y Hematocrito en las primeras 48 horas de vida.
  • -Incremento de las reservas corporales de hierro y ferritina a los 2-4 meses de vida (prevención del déficit de hierro)
  • Menor riesgo de anemia ferropénica a los 4 meses de vida.

 b) Prematuros:

  • Mayores niveles de Hemoglobina y Hematocrito en las primeras 48 horas de vida.
  • Mayor estabilidad de las constantes vitales en las primeras 24 horas de vida
  • Mejoría de la oxigenación cerebral.
  • Menor necesidad de transfusiones por anemia.
  • Menor incidencia de hemorragia intraventricular (una patología asociada a la prematuridad que puede causar secuelas neurológicas a largo plazo).

A la vista de estos beneficios, organismos internacionales como la OMS y sociedades científicas a nivel internacional y nacional de obstetricia, pediatría y neonatología se han posicionado al respecto, estableciendo una serie de recomendaciones que llaman a no pinzar el cordón inmediatamente al nacer, salvo algunas excepciones

De esta forma, se recomienda retrasar el pinzamiento del cordón umblical en todos los recién nacidos, independientemente de la vía de parto o edad gestacional, salvo que exista alguna contraindicación materna, fetal o neonatal.

Las contraindicaciones que se describen en la mayoría de los estudios son las siguientes:

  1. -Diabetes gestacional.
  2. -Gestación gemelar.
  3. -Retraso del crecimiento intrauterino.
  4. -Infección materna (VIH, VHB, VHC, Parvovirus).
  5. -Placenta previa / desprendimiento de placenta.
  6. -Líquido meconial con recién nacido no vigoroso al nacimiento que precisa de reanimación inmediata.
  7. -Hydrops, malformación mayor o cromosomopatías.
  8. -Isoinmunización Rh.

El tiempo mínimo de retraso del pinzamiento será de 60 seg en nacidos a término (idealmente hasta que deje de latir) y 30-45 seg en los prematuros.

En el caso de RNT, tras el nacimiento se colocará sobre el vientre de la madre piel con piel para facilitar el contacto precoz, pinzando el cordón cuando deje de latir.

Tras el nacimiento de un prematuro, se cubrirá a éste con un paño caliente y se mantendrá a nivel de introito vaginal durante al menos 30 segundos (entre los muslos de la madre en caso de cesárea), tras lo cual, o bien quedará piel con piel con la madre, o bien se iniciarán las medidas de estabilización habituales si la situación clínica o la edad gestacional del niño lo requiere.

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