Soy matrona y ahora me doy cuenta por qué mi hijo mayor dejó de ser lactante a los 9 meses. Ahora me echo las manos en la cabeza por no haber sabido interpretar los gestos y las acciones de mi hijo cuando tenía 9 meses que yo creía que él había decidido que no quería mamar más por lo que acabé abandonando la lactancia a esa temprana edad.

Hoy en día con más formación que la que tenía entonces sé que los bebés (o ya no tan bebés) pueden sufrir una crisis de lactancia. Digo pueden y lo matizo porque esto no es algo que suceda en todos los bebés sino que se da en algunos casos. Como por ejemplo mi hijo pequeño que se encuentra en esa edad y le está ocurriendo todo lo contrario de lo que hablaremos también en esta entrada.

¿En qué consiste esta crisis de lactancia?

Los bebés están en una etapa de maduración continua. Lo normal en esta edad es que comiencen a gatear y descubran el mundo que hay fuera de los brazos de sus padres. Al descubrir esa “libertad” de movimiento no paran de experimentar, tocar cosas, moverse por todos los sitios que se les ocurra (peligrosos también), etc.

En esta fase la comida y por tanto la lactancia pasan a un segundo plano. Si no tienen demasiada hambre prefieren hacer todas estas cosas que ponerse a comer. Por tanto, puede ocurrir que cuando se les pone al pecho prefieran hacer otras cosas en ese momento y se enfaden y lloren. En este punto parece prácticamente imposible que coman ya que el mero hecho de cogerles también y ponerles en postura de lactancia hace que se sientan prisioneros privados de esa libertad de movimiento.

Otra de las cosas que se ha descubierto que rechazan los bebés durante la crisis del lactante de los 8 o 9 meses es la postura de cuna que se suele emplear para dar el pecho, que es la postura que se emplea habitualmente. Si vemos que están inquietos mamando o no quieren ponerse a mamar, podemos probar con posturas que les da mucha más libertad como sentados a horcajadas encima nuestra o incluso de pie. Si tienen sueño no rechazarán la postura de cuna ya que seguramente se queden dormidos al pecho mamando.

Veremos que maman, pero si hay ruidos o movimientos alrededor soltarán rápido la mama para ver que está sucediendo a su alrededor. Esto es por culpa de su instinto de investigación y experimentación. Los dientes pueden ser un problema a esta edad ya que empiezan a salir y ya tienen fuerza suficiente para lograr hacernos daño. Además, en esta época de crecimiento de dientes, sienten un deseo frenético de morderlo todo y lo que tienen en ese momento en la boca es nuestro pecho.

Todas estas cosas, unidas a que a mi hijo le encantaba comer y que el trabajo de matrona que me llevaba a estar fuera de casa 14 horas al día y muchas veces sin posibilidad de sacar leche hizo que entráramos en una crisis de lactancia reduciéndose la leche que producía mi cuerpo llegando al destete completo de mi pequeño. Si miro para atrás aún me arrepiento de ello.

La otra vertiente de la crisis de lactancia

También se da el caso contrario, que es lo mismo que me está sucediendo a mi con mi segundo hijo. Cumplidos los 8 meses resultaba bastante difícil poder separarse de mis brazos. Sólo con su padre y los familiares cercanos que le dan “guerra” y le activan se va (les echa los brazos) cuando quiere tener un rato de marcha y estar activo. Pero esto se acaba rápido y en cuánto me ve se quiere venir todo el rato conmigo.

Otro de los grandes problemas es que busca el pecho constantemente. Duerme con nosotros en la cama y he llegado a contar 6 tomas en una noche normal, aunque seguro que de otras no me he enterado porque estoy realmente dormida. Lo que le sucede últimamente es aún peor ya que se tira toda la noche enganchado al pecho, aunque esté totalmente dormido. Si le quito se empieza a despertar y si le pongo el chupete lo escupe y el llanto comienza a producirse. Hay que destacar que durante el día le gusta su chupete.

 

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